Lo que los eclipses no hacen

Detalle del cuadro "Dioniosio el Aeropagita convierte a los filósofos paganos", por Antoine Caron (Google Arts & Culture/J. Paul Getty Museum)
Fecha de publicación
Autor/es
Miguel A. Delgado

Estamos en la cuenta atrás de uno de los mayores espectáculos que nos puede ofrecer el cielo, un eclipse solar total, el próximo 12 de agosto. El IAC aprovechará para lanzar la primera fase del proyecto NATE, junto con un completo programa de actividades divulgativas, en Palencia. Y eso nos está sirviendo para comprobar cómo este fenómeno sigue despertando una expectación casi, o sin casi, al nivel de jugar una final del mundial de fútbol.

Es el remanente de lo que siempre ha invadido al ser humano ante un inusual, y durante mucho tiempo inesperado, ocultamiento del Sol por la Luna a plena luz del día. Aunque hoy sabemos sus causas y podemos preverlos con siglos de antelación, aún su espectáculo sigue removiendo algo en nuestro interior, algo que conecta con nuestra manera de experimentar el mundo más ligada a lo emocional y que nos emparenta con el resto de nuestros colegas del reino animal.

 

Libro de los Milagros de Augsburgo
Libro de los Milagros de Augsburgo, ca. 1550 (IGN)

 

Sí, es toda una experiencia que inspira nuestra naturaleza más artística y sensible. Pero eso, con ser mucho, es todo. Porque hay otras cosas que, desde luego, no hacen los eclipses. Por ejemplo:

No, no tienen ningún efecto sobre la salud… si no hacemos barbaridades

No, los eclipses no afectan al cuerpo de ninguna manera, siempre que sigamos las precauciones necesarias para proteger nuestros ojos. Pero, por lo demás, la ocultación por breve tiempo del Sol no deja ninguna huella en nuestra fisiología, como no la deja el pasar por un túnel, por ejemplo. Más nos debería preocupar, en este sentido, la pérdida casi absoluta de la experimentación del paso del día a la noche habitual en nuestras ciudades por la iluminación artificial, por ejemplo, que sí está medido que tiene consecuencias a largo plazo en nuestra salud.

 

Raju devora al Sol
Raju Devours the Sun, known as Rahukalam (Wikimedia Commons)

 

Dicho lo cual, un experimento que se desarrollará coincidiendo con el eclipse del 12 de agosto, SOLARIS, busca medir por primera vez de manera fidedigna la respuesta fisiológica y emocional durante el breve intervalo de oscuridad. Y buscan voluntarios.

No, no afectan a la fertilidad, ni provocan partos prematuros

Probablemente, este mito va unido a la vinculación tradicional del ciclo lunar con la menstruación, que ha ayudado a que a la Luna se le asigne, por parte de muchas culturas, una naturaleza femenina. La lógica mitológica es la que puede establecer, a partir de ello, que cualquier interrupción en la cadencia de este pueda tener una traslación directa en todo lo referido a la fertilidad. La realidad es que no existe ninguna relación real, más allá de lo simbólico, campo en el que las reglas del juego son más personalizadas al gusto de cada cual.

 

The Lunar Eclipse of Christopher Columbus (“Astronomie Populaire,” Camille Flammarion, 1879)
El eclipse de Luna de Cristóbal Colón (“Astronomie Populaire,” Camille Flammarion, 1879)

 

Y no, los eclipses no provocan catástrofes naturales

Sería falso afirmar que los astros no tienen ninguna influencia sobre nuestro planeta. La mayor prueba de que sí puede ser así nos la dan las mareas, producidas por el influjo gravitacional de la Luna sobre nuestros océanos. El Sol también tiene un evidente efecto sobre nosotros, empezando por hacer posible la vida y que estés leyendo este artículo. 

Los efectos de las tormentas solares —que, por cierto, el estudio de la corona solar durante los eclipses ayudan a entender— pueden causar auténticos problemas, sobre todo a nuestra civilización tecnológica. Pero de ahí a creer que un eclipse pueda producir terremotos y cualquier otra catástrofe de tipo natural, hay todo un abismo. Influencia tiene, como el hecho del descenso de la temperatura, pero desde luego ni es heraldo ni causa de nada terrible.

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